| Sumario: | "En los meses posteriores a la publicación de mi libro ¿Qué es una vida realizada?', varias personas me pararon en la calle para decirme más o menos esto: «Le oí un día hablar de su obra... todo quedaba muy claro, pero cuando intenté leer su libro, no fui capaz de entender nada». Se trataba de una observación directa, en absoluto agresiva, y que me dejó completamente consternado. Me prometí a mí mismo buscar una solución, pero no tenía ni idea de cómo me las iba a arreglar para lograr, algún día, explicar las cosas con la misma claridad cuando escribía que cuando hablaba. Una circunstancia concreta me brindó la ocasión de volver a reflexionar sobre este asunto. Durante unas vacaciones en un país donde la noche cae a las seis, algunos amigos me pidieron que improvise un curso de filosofía para padres y niños. Esta tarea me obligó a ir a lo esencial como nunca había sido capaz de hacerlo antes, prescindiendo de la ayuda de palabras complicadas, citas eruditas o alusiones a teorías que mi público desconocía. Poco a poco, a medida que avanzaba en mi relato de la historia de las ideas, me iba dando cuenta de que en las librerías no había nada parecido al curso que, bien o mal, estaba construyendo sin ayuda de mi biblioteca. Naturalmente, hay historias de la filosofía muy renombradas. Las hay excelentes, pero las mejores son demasiado áridas incluso para quienes ya han abandonado el mundo universitario, ¡cuánto más para aquellos que nunca entraron en él! El resto apenas resulta de interés. Este pequeño libro es el resultado directo de esas reuniones entre amigos. Aunque reescrito y completado, mantiene el estilo oral original. El objetivo que me he propuesto alcanzar con él es a la vez modesto y ambicioso. Modesto, porque va dirigido a un público de no especialistas, a imagen y semejanza de los jóvenes con los que tuve ocasión de conversar durante aquellas vacaciones. Ambicioso, porque me he negado a hacer la más mínima concesión a exigencias simplificadoras que podían haberme llevado a deformar la presentación de las grandes ideas. Siento tal respeto hacia las obras maestras de la filosofía, que no puedo decidirme a caracterizarlas por motivos psicopedagógicos. La claridad es una de las condiciones que debe cumplir una obra dirigida a principiantes, pero se debe obtener sin destruir el objeto al que se refiere porque si no, perderá su valor." (copiado del prólogo).
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